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Oscar “Cachín” Díaz, el 1ro.

30/03/2013

El 1º de abril de 1961, Oscar “Cachín” Díaz lograba un verdadero hito al ser el primer deportista de Catamarca en conquistar un título argentino, en cualquier disciplina. 

“Hijo adoptivo de la tierra del Virgen del Valle, provocó una verdadera “revolución” en el deporte lugareño, sacándola del anonimato en la que estuvo sumergida históricamente.

Oscar Díaz, nacido el 2 de julio de 1936 en José C. Paz (Buenos Aires), con padres que trabajaron toda su vida en los circos que recorrían la extensa geografía del país, comenzó a practicar boxeo a muy corta edad. En calidad de amateur o aficionado, realizó 60 peleas, de las cuales sólo perdió 3. Representó a su provincia adoptiva (siempre se sintió catamarqueño, pese a que jamás renegó de sus orígenes bonaerenses) en varios certámenes argentinos y regionales, llegando a ser finalista en algunas oportunidades. Federico Raúl Argerich sostuvo que "siempre lo perjudicaron los fallos, algunos en forma grosera, como cuando se midió con Américo Rojas, de Olavarría, en Buenos Aires, a quien le dio una soberana paliza y una gran lección de boxeo. Después le ofrecí una jugosa bolsa para que le diera la revancha en Catamarca, pero siempre se negó a pelear con el Cachín’. Estaba bien claro cómo fue la cosa". En ese tiempo, la mayoría de las fases finales de los torneos nacionales amareurs se concretaban en el Luna Park y constituía todo un orgullo llegar a esa instancia desde los distintos puntos o ciudades del interior.

Actualmente, esa responsabilidad es asumida en su totalidad por la Federación Argentina de Boxeo (FAB), que en cierta manera federalizó este tipo de eventos, autorizando que las sedes se trasladen" tierra adentro". Reconociendo el protagonismo y relevancia que adquirieron los dirigentes de muchas provincias argentinas.

Arturo Oliva y Norberto Vega fueron los primeros conductores técnicos del crack local, quien siempre estuvo acompañado por José Hugo Díaz (ofició de sparring de "Cachín" en gran parte de su carrera deportiva). Oliva se encargó, asimismo, de aclarar que Oscar Díaz peleó dos veces con Rojas, puesto que hubo un desquite en Olavarría, ocasión en la que el catamarqueño recibió una muy buena bolsa, aun siendo amateur. Ganó Rojas por abandono en el tercer round. "Le tiré la toalla, porque Cachín había recibido un fuerte golpe en uno de sus oídos en el segundo asalto y no llegó a recuperarse totalmente", comentó el "Toro" Oliva hace muy poco tiempo.

Hay una anécdota en torno a la actuación de Díaz en el campo aficionado que el "Profe" Argerich siempre recuerda con especial emoción y nostalgia. Por aquella época, el viejo y experimentado promotor catamarqueño (desarrolló su actividad en el club Obras Sanitarias, que se disputaba la hegemonía en el medio con el Corti Boxing Club de los hermanos Bruno, quienes trabajaban en sociedad con Arturo Oliva) organizó un torneo de carácter interprovincial en nuestro medio y trajo, entre otros, al campeón argentino de los moscas, el santafesino Reginaldo Maltanari, oriundo de la ciudad de Rosario (Santa Fe). Textualmente, estos fueron sus conceptos rememorando aquel episodio: "Recuerdo que en vísperas del festival, el adversario del púgil visitante se borró del mapa, quizás asustado por los antecedentes que ostentaba el rosarino. No sabía qué hacer. Entonces apareció en escena José Hugo Díaz, (hermano mayor de "Cachín", amateur de brillantes aptitudes técnicas y frustrado profesional a raíz de un problema en la vista), quien me comentó que tenía un hermanito que peleaba lindo y que podía estar encuadrado en la categoría. Estaba por esos días en El Rodeo (Ambato), así que lo invité para que habláramos. Le pregunté si se animaba a pelear con Maltanari y me respondió: Yo lo peleo a cualquiera, pero ahí nomás se despachó con un ¿y cuánto me va a pagar?. El asunto es que me sacó lo que él quería y se hizo el combate. Ganó el "Cachín" en una gran pelea, pero lamentablemente perdió en la final del campeonato, en un fallo discutido y muy polémico".

Dotado de una depurada técnica, con una cintura que un prestigioso colega porteño comparara con la de un gimnasta ruso, Díaz fue escalando peldaños en forma paulatina en el profesionalismo, concretando la mayor parte de su carrera en nuestra provincia, a pesar de haber peleado en otras ciudades argentinas, y en los vecinos países de Chile, Paraguay y Bolivia. "Cachín me confesó en interminables charlas de café que debió trabajar duro para conseguir transformarse en pegador o noqueador, déficit que supo acompañarlo en buena parte de su transitar como aficionado. Los resultados no pudieron ser más positivos, puesto que de los 90 triunfos logrados en el boxeo de paga, 78 los ganó por la vía rápida (nocaut). Nuestro primer campeón sumó un total de 108 lances, con récord de 90 victorias, 10 empates y 8 derrotas. Pedro Miranda, Raúl Vargas, Jorge Novoa, Ignacio Lara, Osvaldo Vargas, Aldo Gamboa, Julio Roberto Palavecino, el campeón chileno Godfrey Stevens, Guillermo Mondar, Victoria Céspedes, el campeón boliviano Camelia Yapura, Cirilo Pausa, Jorge Ramos ("Cucusa") y Carlos Cañete figuran entre los más encumbrados adversarios del catamarqueño, aun cuando debe dejarse establecido que su triunfo por puntos ante el encumbrado Alfredo Bunetta fue el que le abrió el camino para conseguir la chance por la corona nacional de las 126 libras. Esta confrontación se libró en el viejo y ya desaparecido estadio de la Federación Catamarqueña de Básquetbol, ubicado entonces frente al predio que hoy ocupa la Feria Municipal por sobre la avenida Presidente Castillo, con una multitud de aficionados apoyando al crédito local. Bunetta, ex titular argentino de la división, sucumbió frente a un contrincante que estuvo en una noche inspirada, desplegando un boxeo de elevado nivel técnico, tal cual lo expresaron las crónicas deportivas de la época.

El choque por el cetro se realizó, como quedó dicho, el 1º de abril de 1961, en el Luna Park de Buenos Aires, ante el correntino Aldo Gamboa, quien lucía el cinturón con los colores patrios. Cumpliendo una brillante labor, el pupilo de Héctor Villanustre, colaborado por el entrenador porteño José González ("Gonzalito") desde uno de los rincones, se impuso por decisión unánime de los jurados, sellando un verdadero hito en el historial boxístico de Catamarca. Una huella que jamás podrá borrar ningún otro deportista, sea cual fuere el alcance o proyección de su conquista. Las alternativas de la pelea fueron seguidas a través de las radios por toda la afición local, habida cuenta que la televisión aún no había llegado por estos lares. El retorno a nuestra ciudad fue una auténtica fiesta popular, con toda la gente volcada al aeródromo de Choya (ya no existe más), donde aterrizó el avión de Aerolíneas Argentinas. Lo aguardó su esposa María del Valle Rodríguez, quien estaba embarazada de su hijo mayor (Oscar Alfredo) y Dn. Vicente Tecchi, en representación del Gobierno Provincial (ocupaba la Secretaría General de la Gobernación), entre otras personalidades. Una enorme caravana de vehículos paseó a Oscar Díaz por las principales arterias de San Fernando del

Valle, concretándose luego una visita al Camarín de la Virgen del Valle en la

Catedral Basílica y a la Casa de Gobierno, donde fue recibido por las autoridades de turno, con el vicegobernador Dn. Gaspar Guzmán a la cabeza. Recuerdo que en esa cobertura periodística estuvieron, entre otros, Luis Bevilacqua, Carlos Navarro, Eduardo Navarro, Fausto Zárate ("Titorate"), Nicolás Ángel Romero (mi querido hermano mayor, puesto que por esos años yo recién empezaba a dar mis primeros pasos en este atrapante oficio de las ciencias humanas), Aníbal Lídoro Villafañe y Joaquín Liberti, quien con el paso del tiempo fue un activo dirigente de la especialidad, actuando en el seno de la Comisión Municipal de Boxeo. Liberti fue un buen conocedor del reglamento de la Federación Argentina de Boxeo y en ciertas oportunidades recurrí a él para intercambiar opiniones e interpretar correctamente la fría letra del mismo. Ese año (1961) Díaz aparece en el primer lugar del ranking sudamericano (la corona estaba en manos de Ricardo" Gonzalito" González) y décimo en el escalafón mundial, donde el campeón era el estadounidense Davey Moore.

Oscar Díaz ("Cachín") debutó como profesional el 28 de enero de 1955 noqueando en el segundo round a René Chaya, en match realizado en nuestra ciudad, y perdió su invicto frente a Ornar Ricillo ("Polvorita"), el 5 de julio de 1958 (KOT en el segundo asalto, en Buenos Aires), en una muy polémica definición. Al respecto, la revista porteña "KO Mundial" expresó textualmente: "Ricillo aplicó uno de sus furibundos cañonazos y la humanidad de Díaz se estremeció visiblemente ante la potencia del impacto recibido... sonó la campana y, en el ínterin, el referí del lance declaró perdedor a "Cachín" ante las protestas del público que manifestaba que la campana había salvado realmente al púgil foráneo. Lo único cierto es que Díaz se tomó después drástica revancha, al batirlo por nocaut en el quinto round en Catamarca, el19 de diciembre del mismo año". Asimismo, debe destacarse que Díaz fue bicampeón nacional, puesto que tras la conquista frente a Gamboa, el lº de abril de 1961, resignó la corona ante idéntico rival el 2 de setiembre del mismo año, siempre en el Luna Park. Al año siguiente, "Cachín" recupera el cinturón de los plumas que dejara vacante Gamboa, quien decidió abandonar el boxeo, al derrotar por puntos el 14 de julio al marplatense Julio Roberto Palavecino. El 9 de marzo de 1963 retiene el título ante Victoria Céspedes, perdiéndolo el 23 de mayo de 1964 con el ascendente Carlos Cañete que, como los seguidores del boxeo recordarán, combatió por el cetro mundial del grupo pluma, siendo derrotado en Tokio (Japón) por el local Hiroshi Kobayashi (noviembre de 1969).

Las "ayuditas extras” dadas a Oscar Díaz por su tutor deportivo (Argerich) siempre fueron temas obligados en los mentideros pugilísticos de la época y hasta el día de hoy son materia de confirmaciones y desmentidas. Hay dos que Argerich "reconoció" a medias, cargadas y bromas de por medio. Una de ellas aconteció en el desaparecido Obras Sanitarias (calle San Martín al 300, en el edificio que actualmente ocupa la Administración General de Juegos y Seguros de la provincia), en ocasión de un lance con el salteño Alberto Palomeque. Promediando la lucha, "Cachín" recibe una mano y se recuesta sobre la segunda soga. Cuando el árbitro se aproxima para intervenir, misteriosamente se apagan las luces del estadio. Al volver el fluido eléctrico, Díaz estaba recuperado. Triunfó por puntos, en forma incuestionable.

La restante tuvo por escenario la cancha de la Liga Catamarqueña de Fútbol, ante el rosarino Pedro Miranda. En esa oportunidad Díaz, quien hacía su pelea número trece como rentado, se fue al tapiz al recibir una certera mano del visitante, cuando promediaba la lucha. Dicen algunos asistentes a la velada que ese asalto sólo duró dos minutos y que Argerich le ordenó al cronometrista tocar la campana antes del tiempo reglamentario y permitir así la recuperación del local. El promotor siempre se limitó a presentar como prueba irrefutable de su imparcialidad la foto aparecida dos días después en el diario "La Unión", donde se observa que él estaba en uno de los vértices opuestos a la mesa de control y que por ende jamás pudo decirle nada al "campanero".

Al margen de estas polémicas situaciones, la verdad es que Argerich manejó con sapiencia, inteligencia y mucho cuidado la campaña de Díaz, despegándose un poco del púgil luego de la obtención de la corona nacional los plumas, en abril de 1961. ¿Motivos? Cuando Argerich estuvo en Buenos Aires, habló con el cotizado entrenador español Ignacio Ara (un mediano que hizo historia tras radicarse en nuestro país), quien lo vio en acción a "Cachín" y quedó impresionado por sus enormes aptitudes boxísticas. A acordó con el "Profe" Argerich y el siempre recordado periodista Simón Bronenberg (creador de la Guía Pugilística y autor del "Manual de Box para Niños", un librito de 64 páginas editado en 1952, que fue una especie de libro de cabecera en mi niñez) que convencerían a Díaz para que se radicara en España y desde pagos europeos se lanzara a la conquista del título del mundo de la división. De vuelta a Catamarca, el promotor habló con boxeador y con su padre Nicolás Eusebio Díaz, pero "Cachín no aceptó y prefirió quedarse bajo la conducción técnica de Villanustre. Se frustró de esta manera lo que podría haber sido el lanzamiento internacional al más alto nivel del flamante campeón argentino. Debo confesarles que me costó mucho confirmar este hecho por parte de Argerich, que siempre se mantuvo en silencio, en el convencimiento de que si hablaba podía afectar la imagen deportiva de Díaz dentro del contexto provincial. Es la primera vez que cuento este episodio, a sabiendas de que seguramente no le gustará demasiado al dirigente local.

En calidad de entrenador, Oscar Díaz fue el hacedor total de Miguel Fabián Arévalo, a quien llevó a la conquista de la faja nacional de los ligero el 10 de octubre de 1992 frente al bonaerense Ricardo Silva ("Kojak"), a pesar de qué en el rincón del local apareció Héctor Barrera, un veterano adiestrador con escasos antecedentes en el medio. Por sus manos pasaron además, los hermanos Luis Armando y Hugo Rafael Soto, Sergio Oscar Arréguez (en forma fugaz), Jorge Rubén Ávila, Jorge Oscar Martínez ("Chano"), Rafael Narváez ("Loco") y Miguel Ángel Rasgido (un zurdo que no supo aprovechar sus buenas condiciones pugilísticas), para nombrar a los más conocidos. Se puede afirmar sin temor a equívocos, que orientó a toda una generación de practicantes del arte de la defensa personal.

Único deportista catamarqueño que fue tapa de la afamada revista El Gráfico, de la Capital Federal (edición del 9 de agosto de 1961), Oscar Díaz falleció en la ciudad de Córdoba el 30 de diciembre de 1996, víctima de una cruel y casi silenciosa enfermedad. Al día siguiente, escribí un comentario en diario La Unión (página 35, en toda su extensión) que titulé "¡Murió el rey, viva el rey!". Les recuerdo algunos párrafos del mismo: "Una tarde ("Cachín") habló por teléfono con quien escribe esta nota y lo invitó a tomar unos matecitos, porque mi vieja (su esposa) me lleva esta noche a Córdoba y yo, obediente, me voy, porque esta disfonía me molesta muchísimo, y la garganta parece que se me parte en dos. Quiero charlar con vos, así me pongo mejor y dejo de pensar tonterías ". "Junto a su hermano Hugo (muchos decían que podía haber llegado más alto que Oscar, pero ... ), su señora, sus nueras y otro de sus hermanos, Ramón, apretamos el imaginario play y comenzó la interminable charla sobre ... boxeo ¡de qué otra cosa podíamos hablar!". "Sometido a dolorosas y cansadoras sesiones de estudios, según sus propias palabras, a escasas horas de retornar a nuestra ciudad, con un permiso especial de los médicos que lo atendían para que pasara la Nochebuena con sus familiares, lo visitamos en su domicilio de calle Vicario Segura. "Cachín" Díaz, con diez kilos de menos, muy delicado, pero con la sonrisa de siempre, habló con nosotros (por última vez): Que se haga la voluntad del Señor, los hombres dijeron lo suyo, falta que Él decida. Yo estoy convencido de que cumplí con los míos; fui un tipo que siempre hizo el bien, lo que no quiere decir que no me haya equivocado. Todos nos equivocamos en la vida, cometemos errores, lo importante es saber corregirlos con toda la buena fe del mundo. Tras ese encuentro, sobrevino el inesperado regreso a la docta, porque las cosas se complicaron más allá de lo previsto por los facultativos. Y así nomás fue. El cáncer no perdonó y en la víspera una angustiada y quebrada voz nos decía por teléfono: Leo, el papi ha muerto, perdóname... no puedo hablar más ". "Este 1996 que hoy se va nos deja un sabor demasiado amargo. Nos quitó a tu amigos del alma: Ramón Fernando Berrondo (boxeador, entrenador y dirigente), Osvaldo Antonio Molas (periodista deportivo) y Oscar "Cachín” Díaz (gloria del deporte lugareño). Empero, quedan fuerzas en nuestro espíritu para pegar ese grito que nace bien de adentro y que lanzado a los cuatro vientos es una acabada síntesis de justicia: ¡Murió el rey, viva el rey!".

Los restos mortales del deportista local descansan en el pequeño y humilde cementerio de Pozo El Mistol (Valle Viejo), donde fueron despedido por familiares (con su esposa María del Valle Rodríguez de Díaz y sus hijo Oscar, Hugo, Carlos y Marcelo a la cabeza), autoridades oficiales, dirigente boxeadores y una gran cantidad de amigos. En el nicho del sector sur donde puede leerse el nombre de extinto campeón con letras metálicas color oro, se efectuaron algunos actos en su honor, asistiendo en una oportunidad el reconocido médico deportólogo Hugo O. Rodríguez Papini, en representación de la Federación Argentina de Boxeo. Espero que en un futuro no muy lejano se levante un busto que perpetúe la memoria de nuestro gran campeón, del maestro entre los maestros, a la hora de volcar generosamente todo 1o aprendido en su profesión deportiva.

Cabe destacar que el Museo del Deporte, creado en el ámbito de la Municipalidad de San Fernando del Valle de Catamarca, lleva el nombre de Oscar Díaz, en un justiciero reconocimiento post mortern que en realidad deberíán habérselo hecho en vida, como entiendo tienen que ser todos los homenaje!

Es una pobrísima costumbre de nuestra sociedad, esperar que una personalidad o figura emblemática se muera para recién valorar sus aportes a la misma buscando un espacio físico o una obra afín para estamparle su nombre. Ojalá que algún día se le ponga punto final a este acentuado y hasta perverso hábito, aun cuando reconozco que en ciertos casos pueda justificarse la tan mentada espera, por cuestiones o motivos de fuerza mayor, si es que así puede llamársele”.

 

Por Leo Romero

(Texto extraído del libro “Boxeo, un deporte que inundó de gloria a Catamarca” del año 2003)


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