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Arévalo, un crack del ring

08/01/2013

Considerado como un fenómeno del ring, Miguel Arévalo se coronó campeón argentino Liviano en 1992 y resultó el cuarto púgil local en obtener una corona nacional.

“Dueño de un estilo avasallante, donde se conjugaban técnica, velocidad, picardía y explosión, pudo llegar a cumbres impensadas. Lo traicionó su mal temperamento y falta de disciplina.

Irrumpió en la escena boxística como un verdadero huracán, arrasando con todo lo que se le cruzaba en el camino. Miguel Fabián Arévalo fue una especie de Carlos Monzón en el plano local. Dotado de una natural y envidiable contextura física, en lo boxístico resultó un producto elaborado cuidadosamente por Oscar Díaz ("Cachín"). Se formó como muchos otros en el desaparecido gimnasio de la Unión Obrera de Socorros Mutuos (actualmente ese espacio físico está ocupado por una playa de estacionamiento, ya que allí se levanta una torre de viviendas), a donde un día lo llevó Ramón Víctor Barros ("Rubio"), un querido y modestísimo peón en el tablero ajedrecístico de esta actividad deportiva.

Barros le ayudaba a Díaz en los menesteres básicos en esa academia del aprendizaje de lo que alguien llamara el arte de pegar y no dejarse pegar (buen ataque, mejor defensa).

Hijo de padres catamarqueños, Arévalo nació el 8 de abril de 1969 en Quilmes, provincia de Buenos Aires. Siendo muy pequeño, su madre lo trajo a nuestra ciudad, donde creció cargando sobre sus hombros el peso de los consabidos problemas que originan una infancia y una adolescencia huérfanas de afectos y de contención familiar, según él mismo lo confesara en numerosas oportunidades a la prensa. Educado en la “universidad de la calle", donde los pro y los contra confeccionan una peculiar guía de la vida que muchas veces te llevan por el sendero equivocado, Miguel Fabián Arévalo optó por cambiar las peleas callejeras por el boxeo, convencido de que esa mezcla de deporte-profesión-negocio le permitiría salir de pobre, forjarse un porvenir. No se equivocó en la elección, puesto que a poco de andar emergió por propia gravitación el potencial peleador que habitaba en su ser.

Debutó como amateur en el período en que los profesionales Luis Armando Soto y Jorge Rubén Ávila acaparaban todas las expectativas y aparecían con fuerza y gran empuje las figuras de Sergio Oscar Arréguez, Hugo Rafael Soto, Jorge Oscar Martínez, Horacio René Brandán y Juan Carlos Ramírez, entre otras. Martínez y Brandán llegaron incluso a combatir en los Estados Unidos, integrando una delegación que se presentó en el país del norte, con resultados adversos pero con la satisfacción de medirse con figuras de primera categoría en el campo internacional. Arévalo comenzó a dejar adversarios a su paso y a fabricar una destacada campaña en calidad de tal, la que finalmente culminó en la ciudad de Mar del Plata, cuando empató con el peligroso zurdo cordobés Fabián Tejeda en uno de los choques preliminares de la pelea por el título argentino entre Luis Armando Soto y Jesús Eugenio Romero, el 27 de febrero de 1987.

Su arranque profesional se concretó el15 de septiembre de 1989 ante el veterano cordobés Martín Lahorca, a quien noqueó en el primer asalto. Orlando Flores, Luis Oviedo, Dante Molina, Ricardo Cruz, Raúl Rafael Tabares y el brasileños Benedito Nunes fueron posteriormente sus derrotados, hasta que el 7 de junio de 1991 le trajeron al ascendente bonaerense Ismael Cháves, a quien batió por puntos en una refriega pugilística de espectaculares características, tanto en lo boxístico cuanto en lo emotivo.

Tanto Arévalo como Cháves estuvieron al borde del nocaut y solo la valentía y el enorme poder de absorción al castigo por parte de ambos les permitió terminar de pie, en medio del rugir de las tribunas. Resultó una prueba de fuego para el dilecto alumno de Oscar Díaz. El 6 de setiembre de ese mismo año combate con el mendocino Mario Araya ("Potrillo") a quien "duerme" en el segundo capítulo, mientras que el 17 de enero de 1992 se traslada hasta la ciudad de La Rioja para pelear con el correntino Nicasio Cáceres, a quien noquea en el cuarto. Con esa actuación, se mete en el bolsillo al público riojano, por lo que no extrañó que el 27 de marzo de 1992 aplastara en idéntico escenario a Jesús Gil, esta vez en el asalto inicial del combate. A todo esto, la Federación Argentina de Boxeo (FAB) lo clasifica entre los primeros cuatro del ranking de los ligeros.

Dirigido transitoriamente por Santiago Luis Antonio Tapia, el 3 de abril de ese año derrota por decisión al bonaerense Jorge Sclarandi, también en pagos riojanos, donde el promotor Pablo Ramírez lo tenía entre sus "mimados". Al mes siguiente (16 de mayo) noquea en el segundo capítulo al sántafesino Miguel Ramayón, yel 27 de junio viaja a la Capital Federal para enfrentarse en el cuadrado de la FAB con el porteño Eduardo Molina ("Tití”), en su debut para la televisión nacional. Provocó un verdadero impacto entre los amantes de la especialidad, noqueando a Molina en el segundo acto, y originando positivas reacciones de la prensa especializada que hasta llegó a calificarlo como "el potencial nuevo Monzón del boxeo argentino". Muchos se acercaron para efectuarle ofertas (incluido el mismísimo empresario televisivo Marcelo Tinelli, a través de periodistas amigos), pero el nostalgioso y controvertido fajador catamarqueño optó por rechazarlas. Su decisión personal originó un distanciamiento con su hacedor deportivo, Oscar Díaz, quien era partidario de que aceptara quedarse en Buenos Aires y desde allí lanzarse a la conquista de una chance por el título argentino y una posterior incursión en el campo internacional.

Paradójicamente, Arévalo asumió similar actitud a la de su maestro, allá por la década del 60, tal cual lo cuento en este mismo libro. La sociedad Arévalo-Díaz se deshizo (en realidad sólo existía un compromiso verbal, casi de padre e hijo) y por eso no extrañó a nadie que el 10 de octubre de 1992, en la noche que se consagrara campeón argentino de los livianos, superando por abandono en el décimo round a Ricardo Silva (Buenos Aires) en el rincón de "Miguelito", apareciera Héctor Barrera, prácticamente un desconocido en materia de entrenadores de la disciplina (la parte física estuvo a cargo del karateca Juan José Barrios). Arévalo le ganó a un timorato y confundido "Kojak Silva, que sobre la parte final de la batalla suplicaba por la toalla salvadora, frente al notorio dominio del morocho púgil local.

El 22 de diciembre de 1992 termina un exitoso año, noqueando en el segundo round al experimentado mendocino Hugo Ariel Hernández ("Pajarito"), en el ring del Polideportivo Capital. El año 1993 fue fatal para Miguel Fabián Arévalo. El 13 (¡justo un día "yeta”!) de marzo le ofrecen un combate con Manuel Billalba en Buenos Aires, siempre en el ring de la FAB. Lejos de su habitual producción boxística, cae por puntos en dictamen dividido y deja el invicto en manos de su adversario. Un severo llamado de atención para el deportista local que, al retornar a Catamarca, anuncia que defenderá el 15 de mayo el cinturón de las 135 libras ante el chaqueño Faustino Mártire Barrios, un policía-boxeador que manejaban Santos Zacarías y uno de sus hijos, Alberto, quien actualmente es jefe del equipo.

Arévalo sigue ligado a Barrera, quien acepta dirigirlo, no obstante saber que el traspié con Billalba había dejado sus secuelas, en especial en el plano psicológico. Perdiéndole el respeto al campeón desde el comienzo mismo de la lucha, Barrios planteó inteligentemente su estrategia, llevando a Arévalo a un juego provocativo y de desgaste tanto en lo físico como en lo mental.

El catamarqueño perdió los estribos y de esta manera en el noveno asalto Barrios acertó con una combinación de golpes y tumbó a su adversario, quien cayó pesadamente, golpeando su cabeza en el tapiz. Allí quedó tendido al tiempo que lo asistían los médicos de turno. De inmediato fue llevado a un centro asistencial de nuestra ciudad, donde quedó internado en observación a raíz de una fuerte conmoción cerebral. El título se le escapó de sus manos por nocaur y la Federación Argentina de Boxeo le retiró la licencia profesional hasta tanto se recupere totalmente de su afección, ya que incluso se habló de una presunta lesión en el cerebro. Posteriores consultas y estudios descartaron eventuales complicaciones y en 1994 Arévalo efectuó tres peleas en el mismísimo estadio de la FAB, en Castro Barros 75 de la Capital Federal, autorizado por la entidad madre. Después intentó una nueva reaparición, pero finalmente la misma quedó a mitad de camino. El fuego sagrado de esa caldera interior que llevan los gladiadores del ring se había apagado irremediablemente.

Triste epílogo para la carrera deportiva de Miguel Fabián Arévalo, quien tenía todas las condiciones y las posibilidades para erigirse en uno de los campeones más sólidos y talentosos del boxeo local, pero que lamentablemente no supo aprovechar esas dotes naturales con la inteligencia y el buen criterio personal que exigían las circunstancias. Tampoco escuchó las voces de quienes siempre desearon lo mejor para él y su familia (esposa e hijo), como Oscar "Cachín" Díaz, por ejemplo. Es bueno recordar lo que Díaz dijo de Arévalo el 6 de junio de 1994, en ocasión que me concediera un reportaje cuando Hugo Rafael Soto viajó a Tokio para medirse con Arbachakov.

El recuadro aparecido en diario La Unión reza literalmente: "Nadie desconoce, menos nosotros -desde su nacimiento deportivo seguimos paso a paso su carrera-, que Miguel Fabián Arévalo fue el hijo dilecto, boxísticamente hablando, de Oscar Díaz. Le enseñó todo, o casi todo, y como él mismo lo dice hoy, con un dejo de tristeza que le recorre el cuerpo y también el alma, más que un boxeador fue otro hijo de la familia. Sigue pregonando que es el valor más extraordinario que dio Catamarca, al tiempo que reitera que no me gusta hablar de este feo presente que lo envuelve con un manto gris. Opina que quizás algunas amargas experiencias sufridas en su infancia e inclusive en su juventud lo convirtieron en una persona que tiene ciertos resentimientos con la sociedad, que está permanentemente a la defensiva, que no cree en la gente que lo quiere, que considera a quienes se acercan para ayudarlo elementos a los cuales sólo les interesa la plata que él puede ganar con el deporte. Vive diciendo que lo dejaron solo. Creo que fue el propio Miguel Fabián Arévalo quien quiso quedarse solo. Todos, de una forma u otra lo ayudaron, como ustedes, los periodistas. Ojalá que algún día pueda entenderlo. No sé si volverá a un ring. Lo que sí me importa es que construya un lindo hogar, que disfrute de la vida con su señora y su hijito.

Que sea feliz, que no ande haciendo macanas por ahí; que piense que Dios y la Virgen del Valle lo ayudarán si él pone lo suyo, con amor, sin odios ni rencores". Éste resultó a la postre el último mensaje público del profesor a su discípulo más querido”.

 

Por Leo Romero

(Texto extraído del libro “Boxeo, un deporte que inundó de gloria a Catamarca” del año 2003)


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